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lunes, 13 de abril de 2015

 KIKI DIMOULÁ  (Atenas, 1931)

El número plural

El amor,
nombre sustantivo,
muy sustantivo,
número singular,
género ni femenino ni masculino,
género desvalido.
Número plural:
los amores desvalidos.
El miedo,
nombre sustantivo,
al principio número singular
y luego plural:
los miedos.
Los miedos
por todo a partir de ahora.
La memoria,
nombre propio de los pesares,
número singular,
sólo número singular
e indeclinable.
La memoria, la memoria, la memoria.
La noche,
nombre sustantivo,
género femenino,
número singular.
Número plural:
las noches.
Las noches de ahora en adelante.

Traducción de Raquel Pérez Mena (Poemas, 1998)

Ο πληθυντικός αριθμός

Ο έρωτας,
όνομα ουσιαστικόν
πολύ ουσιαστικόν,
ενικού αριθμού,
γένους ούτε θηλυκού ούτε αρσενικού,
γένους ανυπεράσπιστου.
Πληθυντικός αριθμός
οι ανυπεράσπιστοι έρωτες.

Ο φόβος,
όνομα ουσιαστικόν,
στην αρχή ενικός αριθμός
και μετά πληθυντικός:
οι φόβοι.
Οι φόβοι
για όλα από δω και πέρα.

Η μνήμη,
κύριο όνομα των θλίψεων,
ενικού αριθμού,
μόνον ενικού αριθμού
και άκλιτη.
Η μνήμη, η μνήμη, η μνήμη.

Η νύχτα,
όνομα ουσιαστικόν,
γένους θηλυκού,
ενικός αριθμός.
Πληθυντικός αριθμός
οι νύχτες.
Οι νύχτες από δω και πέρα.

(Ποιήματα, 1998)

viernes, 3 de abril de 2015

Sibila de Cumas
APRIL is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
t. s. eliot

La primavera no es una estación cruel.
Cruel es exhalar ademanes vacíos
mientras llueve,
sombrear los cantos del deseo
con los golpes ácidos del olvido,
y resignarse.
Pero hemos de vivir nueve vidas
como la Sibila de Cumas,
nueve vidas con sus ciento diez años
para creerlo.
Mientras tanto, la primavera envía
con necia displicencia sus mensajeros,
allá por febrero
los pétalos que dudan
entre aguardar o blanquear el almendro
y nos exigen una tenue alegría
brutal si acaso
porque nos envuelve
ilegítimamente
de esperanza.

domingo, 8 de marzo de 2015


Proserpina
"Proserpina", Rossetti (1874)
 
Eres mujer.
Estás condenada a los meses lunares,
condenada a la rutina
de fragmentadas primaveras,
te bebes su cáliz
para arrancar a las horas
cualquier consejo
vano e inútil.

Pero eres mujer.
Cuánta gloria en nuestros vientres
poderosos,
en nuestros úteros poblados
de rimas indulgentes, del polen
vigoroso
que en jícara pequeña
arrastra la luz del sol.

Pero sabes que vendrá el Hades,
aunque no lo veas
se adentrará triunfal
en lo mejor que guardas,
cavará una fosa y el hálito
que antaño salía a tu encuentro
cerrará con firmeza
todas las puertas que abriste.
Para persuadir al Hades
sacas todas tus armas:
el tiempo que hiberna
en la corteza del álamo,
el goce doloroso de las horas
cortantes, las estivales suelas
del mar, con olor a salobre...

Erizarás el mar en la espuma de las
ramas flexibles
para que el varón muerda
tu futuro íntegro y se adentre
en el entonces, en el momento
apropiado en el que escribir
de nuevo:
«y esta primavera ya marchita
y este verano, pastor de noches,
atrapados por el frío que, ojalá
caduco,
no nos borre».

[Estaciones en reverso, Clepsidra de invierno, Torremozas, 2013]

sábado, 21 de febrero de 2015


 Invierno


Resultado de imagen de inviernoNo bastan los cielos grises para doblegarme.
Viene Bóreas fuera de sí, irritado,
decretando que le entregue ya mi alma:
caricias, deseos como raíces y tallos,
hijos de la servidumbre de los cuerpos,
sobre el cieno de una hoz inválida
despojada de los días venideros.
Noches que rodaron serviles
predicando, propagando en sus gélidos senos
renuncias y acusaciones silenciosas,
igual que rendiciones derramadas
sobre los yermos páramos.

No bastan sus ramas estériles aún,
abiertas en la desnudez como dientes
que atravesaran el aire.
Las sientes entrar sobre el azul
o sobre el gris, hurtar infatigables
espacios que fueron hogar y lecho
de pájaros ausentes.
Pero escucha sus cantos caducos,
esos aciagos enjambres
de las sombras que sus gorjeos
dejaron en las calles
simplemente
para claudicar ante el invierno.

lunes, 19 de enero de 2015


A principios de enero
 

                                        A Elena



Ahora comprendo el paso furtivo
de las horas, de los días, de los instantes...
si te cojo la mano,
yendo hacia el cole o el parque
y siento que has crecido
y que, pronto, me mirarás
por encima de los ojos.

Vienes con tus juegos y canciones
agitando feliz las palabras
que antaño esquivé como despojos
y que ahora se amontonan en tu boca
alzando el vuelo
con apetito enorme de nombrar,
aquellas palabras cojas que cortaban
como aristas, atadas a mi alma,
estrechas, ausentes, desconocidas,
aquellas que desbrozaban la luz y extrañas
alimentaban los cielos otoñales
ávidas de descarnarme
como si lo cierto fuera estar alejado,
arrojarse al abismo una y otra vez,
ceder lo amado
sin una segunda oportunidad.

Ahora, en el lado opuesto,
enemiga ya de agotarme
vienes tú, con tus juegos y tus risas
logrando que lo adverso y mutable
se disgregue como ungido
por un humus juvenil,
y que,
como un soplo impoluto de alegría,
brillen estos primeros días de enero
entre música y trazos de tus manecitas,
ligeros y eternos a un tiempo.


["Almanaque", Clepsidra de invierno, Torremozas, 2013]

domingo, 14 de diciembre de 2014



23 de diciembre

Los ladridos de los perros llenan
el silencio mejor que las palabras.
Subrayan la apariencia de los sueños,
guían con su áspera tonalidad
las mórbidas entrañas del día que bosteza.

Me es extraña la forma en que muerden
insaciablemente su curva primeriza,
cómo ponen acentos y tildes a la sangre
palpitante en cada lecho anónimo que despierta.
La luz, a veces, se torna impía
y cruel.
Deja moteados de cólera los edificios,
la torre de la iglesia, el parque,
las calles aún desiertas, el hueco que la boca
abrió en nuestra sed.
Viejos y estrechos, los sonidos del día
parecen eternos. Parecen erguidos
en los flecos de la noche como engañosos
goznes de luz, como templos indecisos
que se alzaron encerrándonos,
como fauces pusilánimes que quisieran
apartarnos del camino,
y que en su perfidia nos atenazan
la voz.

Maldita sea.
Las manos se van perdiendo en la línea
absurda del horizonte,
en la marca que divide el condenado
y el verdugo, la estela de sus cuerpos,
allá donde los deseos siempre se rompen
en pedazos.
Amanece,
y las horas nos confinan otra vez,
deteniéndonos, estirando sus huellas
impolutas sobre el cansancio.
Este romperse el aire, de una forma
distinta, porque el mundo cambia
para mal, yendo a páramos absurdos
donde la luz se cae gota a gota
destilando el dolor de bruces.

Ya nada significa lo que antes,
esas nubes que se apiñan tiranas
sobre el sol, arrastrando consigo
la claridad,
como los brazos sujetan mentiras,
auspicios futuros de hiedra desgastada,
penas de bocas que nombraron,
como aviones de papel en manos de los niños,
palabras baldías
que hoy toca plegar.

[Clepsidra de invierno, Torremozas, 2013)

miércoles, 19 de noviembre de 2014


                                                          BESO Y VERSO

             
                                          ¡Oh, mundo! Pues que nos matas,              
                                          fuera la vida que diste                 
                                          toda vida; 
                                                 JORGE MANRIQUE     

A Jorge Manrique lo arroparon los versos
cuando la vida lo desnudó.
Dos de ellos se encontraron en su cuerpo
grabados sobre el silencio de una estampa
en Garcimuñoz.

El beso y el verso nos alimentan
incluso en la desnudez de la vida.

Existo
porque beso y verso incluso
en el límite de la luz.


©Antonia Huerta Sánchez, 2014